En este tiempo he dado la vuelta por completo a todas las habitaciones haciendo que ni yo misma las reconozca, pero mucho menos conocía con minuciosidad todas las historias que duermen en los cajones y que a lo largo de años archivamos,conservamos sin saber mucho su valor o su motivo, y custodiamos por ser meros recuerdos en papeles ya amarillentos que forman parte de un pasado, da igual qué tipo de pasado...
Y la sorpresa es cuando decides hacer limpieza a fondo, deshacerte de lo absolutamente inútil o de todo aquello que en mucho tiempo no has utilizado, porque casi siempre es un acto imposible a no ser que optemos por la fórmula "sin piedad", es decir sin evaluar que va al contenedor y que vuelve a dormir el sueño de los justos...
Se encuentra de todo cuando se busca y más si hay o ha habido una vida llena de historia. Fotos de tanta gente que algunos de ellos resultan seres no identificados, documentos sin validez alguna, solo ahora ya la puramente anecdótica... ¿qué costaba la compra hace veinte años?, o ¿qué alquileres se pagaban en el centro de Madrid?... cosas que posiblemente no nos sirvan para nada salvo para engordar nuestras cajoneras y a la vez la curiosidad.
Y cartas.
De todo tipo, antes era algo muy normal salir de viaje aunque fuese a 100km y rápidamente enviar una postal, o las gentes eran más consideradas y amables que ahora o se aburrían muchísimo más, caben las dos posibilidades. Por eso mi caja marrón llena de fotos y de la que algún día hablaré porque estoy segura tiene vida propia, está llena de esas postales escritas con caligrafía casi impecable y muy de colegio de curas de la época, pero también de esos otros elementos poltergeist que no sabemos ni remotamente como llegaron hasta aquí, incógnitas sin despejar que aparecen de buenas a primeras delante de nuestras narices y se quedan a residir entre nosotros...
En este caso y lo que más me ha llamado la atención es el comienzo de la carta: Paz y bien, bueno en realidad la redacción de toda ella es un rosario de palabras amables que ahora nos resultan hasta casi chocantes.
La carta es el saludo de un antiguo profesor de mi hermano, que por motivos políticos tuvo que refugiarse en el extranjero y a su vuelta no había sido capaz de olvidar sus últimos años aquí, ni a las gentes que le habían dado cobijo en tiempos "peores"...
Curioso revolver en los cajones y encontrar pedazos de historia...




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